El lunes por la noche hubo una fuerte tormenta en Madrid que me hizo levantarme de la cama. Me recordó, como siempre que hay tormenta, a mi querida Giudecca, a mi querida Venecia.
Recuerdo con precisión una noche del mes de junio que tras haber visto Piedras salimos Colombina y yo al balcón de casa y nos asomamos a la laguna. Durante unos largos minutos reflexionamos en silencio sobre lo que acababamos de ver alumbrados por los relámpagos y el reflejo de éstos sobre el canal.
miércoles, 25 de junio de 2008
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