Quince minutos, quince los necesarios para afrontar lo que queda de jornada con una sonrisa. Quince minutos de siesta. Absolutamente reglamentaria.
Todo al revés. Los pies al puesto de la cabeza. La cabeza al puesto de los pies. Los cojines bajo la cabeza. La almohada se abraza. Manta, nada de edredón.
Caterina Caselli canta en mi habitación Insieme a te non ci sto più.
Quince minutos son suficientes para cerrar los ojos y soñarme a finales de los años 60 en blanco y negro y rodeado de personas, que como yo, cantan ese estribillo maravilloso:
Arrivederci, amore, ciao...
1 comentario:
Qué hermosas las sietas de verano a media luz y con música italiana. Estaría bien una siesta con L'importante é finire, je je.
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